miércoles, 27 de mayo de 2026

El papel de las TIC en la escuela del siglo XXI


¿Hacia dónde caminamos? ¿Son realmente las TIC un elemento clave a tener en cuenta dentro del aula o sólo fuera del aula?

Hoy en día, las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) ya no son una herramienta opcional, sino que constituyen la base de nuestra sociedad. Por lo que sí que son un elemento clave en las aulas, siempre y cuando haya control de las mimas.

Fuera del aula pueden ser un canal de libre exploración de cualquier cosa, desde libros hasta zapatos. Incluso para algunas personas resulta ser un espacio de ocio. En cambio, las aulas deben ser el espacio donde se aprenda a utilizar las TIC de manera responsable y con cabeza. Si dejamos las TIC sólo fuera del aula, la escuela se desconecta con la realidad del estudiante. Pero si entran el aula, no debe ser para observar pantallas pasivamente, sino para aprender a identificar la información verdadera de la falsa y para mejorar las habilidades digitales de forma responsable.

¿Desaparición de la escuela como referente del saber y sólo como referente de la certificación del saber?

Esto es uno de los mayores dilemas hoy en día ya que, con la existencia de Google, YouTube o las inteligencias artificiales, cualquier persona puede aprender sobre matemáticas, lengua o física, por ejemplo. Por lo tanto, la escuela no puede competir con internet sobre quién guarda más información porque sale perjudicada.

Sin embargo, la escuela es indispensable para el ser humano, ya que la vida es mucho más que aprender, es aprender a convivir, y esto lo logramos gracias a la escuela. La escuela es el lugar donde aprendes a mirar a los demás, las emociones de ambos, a tolerar la frustración y a negociar con aquel que tiene pensamientos distintos.

En conclusión, Internet nos da el conocimiento, pero la escuela nos da la experiencia humana para aprender a convivir en sociedad.

Profesores, ¿intermediarios o productores de contenidos?

Antiguamente, el docente era un transmisor de contenidos y el estudiante un agente pasivo. Sin embargo, hemos ido observando como este rol ha ido cambiando con el paso de los años. Cada vez observamos más como el alumnado se convierte en un agente activo, construyendo su propio aprendizaje.

A día de hoy, si el profesorado se limita a transmitir conocimientos, la tecnología lo va a acabar sustituyendo, por lo que debe innovar para seguir captando el interés y la motivación del alumnado. En este sentido, la mejor opción para la sociedad de hoy en día es un docente que implemente en el aula situaciones dinámicas y adaptadas a las necesidades de la realidad.

El verdadero valor del profesor no está en los contenidos que transmite, sino en la forma en la que lo realiza, es decir, el puente emocional y humano que tiende hacia el conocimiento.

¿Desaparecerá el libro de texto en papel ante la aparición del libro digital o convivirán ambos?

Lo ideal sería una convivencia de ambos, necesaria porque responde ante necesidades humanas diferentes.

El formato digital otorga actualización constante, una mayor interactividad, la ligereza de peso y un acceso rápido a cualquier información.

El papel permite activar zonas cerebrales distintas, invita a la pausa, a la desconexión, a analizar las cosas con calma y a no perder la capacidad de pensar críticamente.

Por lo tanto, necesitamos la convivencia de ambos formatos: la velocidad del formato digital y la calma del papel para procesar lo que realmente importa.

¿Cómo será la evaluación? ¿Evaluaremos por lo que conocemos o por lo que somos capaces de poder conocer-saber?

Evaluar lo que conocemos es la forma tradicional que se ha venido empleando durante décadas, donde la existencia de materiales era limitada y memorizar era la única forma de guardar el saber. Hoy, esta forma de evaluar ha quedado limitada debido a la modernización de la sociedad.

Actualmente, se da más importancia a evaluar el potencial y las competencias de los estudiantes, es decir, lo que son capaces de hacer con lo que saben. Esto implica evaluar la capacidad para resolver problemas, trabajar en equipo y adaptarse a distintas situaciones.

De esta manera, observamos que lo más importante no es cuantos contenidos son capaces de adquirir, sino de la capacidad de aplicarlos a situaciones de la vida cotidiana.

¿Nos estaremos orientando hacia un modelo que prima sólo lo inmediato, rápido y divertido o será un sistema más equilibrado de un trabajo más individualizado?

Vivimos en una sociedad donde prima el “scroll” rápido y los estímulos inmediatos y, aunque la escuela deba adaptarse siempre a los cambios y necesidades de la sociedad, introducir solamente este tipo de aspectos en el aula provocaría un aprendizaje superficial. El aprendizaje real y profundo requiere tiempo, esfuerzo, dedicación y paciencia, ya que los errores también son parte del aprendizaje.

El futuro debe orientarse a un modelo equilibrado y personalizado, esto requiere trabajo tanto individual como grupal. La tecnología nos da la libertad para individualizar las tareas y que cada estudiante avance a su propio ritmo, pero ese trabajo debe combinarse con el esfuerzo colectivo para que no exista una gran diferencia entre estudiantes. En este sentido, el aprendizaje debe ser atractivo, pero “atractivo” no significa fácil. Aprender a ser constantes, pese a los malos resultados por el camino, es una lección grandiosa que nos brinda la escuela.




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