Este tema ha cambiado mi percepción
del conflicto dentro de la escuela, y en general. Antes lo veía como un aspecto
negativo que debía evitarse. Sin embrago, analizando las teorías de autores
como Galtung, he comprendido que el conflicto es inherente, es decir, es parte
de la naturaleza y propia del ser humano. Por eso, más que evitarlo, es
necesario enfrentarnos a él para aprender a gestionarlo de manera pacífica,
transformándolo en una oportunidad educativa.
Otro aspecto que me parece importante
es la idea de que la convivencia no significa “que no haya conflictos” sino
aprender a gestionarlos de forma correcta, dialogando y escuchando de manera
activa para poder aprender todos juntos. Gestionar un conflicto tiene
beneficios en el grupo, creando una mayor cohesión y fortaleciendo vínculos reales.
Además, es esencial que exista un espacio dedicado a trabajar valores como la
empatía, la responsabilidad y la autorregulación emocional.
Como futura docente, me hace reflexionar
sobre la importancia de crear un buen clima del aula, donde todos los
estudiantes se sientan seguros, no tengan miedo de expresarse y escuchen a sus
compañeros. No obstante, el aula no es un espacio aislado, ya que hay varios
factores externos que influyen como la familia, el barrio o el clima general
del centro. Todo influye en cómo se vive un conflicto en el aula y cómo lo
gestionan y lo resuelven. Por lo tanto, ignorar este aspecto sería ignorar la
realidad.
En definitiva, este tema me recuerda
que la convivencia se construye día tras día y que los conflictos están presentes
en cada etapa y siempre puede utilizarse como una herramienta para aprender y
mejorar.

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